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Los comentarios de Mario Draghi a mediados de junio en Sintra y posteriormente en el comunicado de política monetaria a finales de julio, refuerzan la noción de que el BCE traerá un paquete sustancial de medidas expansivas en el anuncio del próximo 12 de septiembre.

El giro del BCE llega en un momento donde los riesgos para la Eurozona comienzan a materializarse, con la industria alemana –el principal motor del área- mostrando señales indicativas de una posible recesión y las expectativas de inflación de los mercados rozando los mínimos históricos.

Con casi absoluta certeza, inversores y analistas esperan un recorte de al menos 10 puntos básicos de los tipos de interés, combinado con la introducción de un esquema de escalonamiento de los tipos.

En adición, la orientación de una política acomodaticia continuista a futuro y la reapertura del programa de compras de bonos – también conocidas como operaciones de mercado abierto-, son otras de las medidas ampliamente esperadas.

Tras varios años desde la introducción de tipos de interés negativos en la Eurozona, la inflación se encuentra apenas a medio camino de la meta de 2% fijada por el BCE. La persistencia de una baja inflación en la economía, a pesar del estrecho margen de expansión del mercado laboral, señala la pertinencia de una mayor reducción de los tipos.

Los mercados dan por hecho con un 100% de probabilidades este movimiento, mientras se mantienen divididos entre una reducción de 10 o 20 puntos básicos del actual nivel de referencia de -0,4%.

Esto significa que al menos una reducción mínima está descontada; pero, dado los notablemente bajos retornos que reflejan los activos de renta fija a lo largo del horizonte temporal, un recorte mayor tampoco tomaría a muchos por sorpresa. Por su parte, los mercados también anticipan que los ajustes vendrán acompañados de algún esquema de compensación para los bancos comerciales, dado el considerable impacto que pudieran tener unos intereses más negativos sobre los beneficios del sector.

El BCE también podría reforzar las expectativas de soporte monetario, indicando explícitamente otro desplazamiento bajista de la política monetaria en el corto y mediano plazo. Este instrumento, modificado en dos ocasiones en menos de un año, garantizaría la continuidad de una política monetaria ultra-acomodaticia por un período de tiempo más largo.

 

Los mercados dan por seguro un recorte de al menos 10 puntos básicos, pero no descartan una reducción mayor de los tipos.

Source: Bloomberg Finance L.P.

Mientras estas medidas parecen generar poco disenso entre los distintos actores del mercado, el reinicio del programa de compra de bonos parece suscitar mayor incertidumbre.

Los comentarios iniciales de Draghi parecían haber dejado prácticamente abiertas las puertas a esta iniciativa; sin embargo, las recientes declaraciones de algunos miembros del consejo han lanzado un velo de dudas en relación a la reapertura de las operaciones de mercado abierto. A los comentarios de oficiales tradicionalmente conservadores como Knot, Lautenschläger y Weidmann, se han unido las voces escépticas de Villeroy, Müller y Holzmann, indicando que Draghi enfrenta notables objeciones para reactivar este programa.

Este grupo quizás no carece de razón al argumentar que la aplicación temprana de este instrumento –que fue utilizado inicialmente durante la crisis de deuda soberana-, dejaría con poco armamento al BCE para enfrentar peligros mayores como un Brexit unilateral, un mayor escalamiento de la guerra comercial, o señales más agudas de recesión o deflación en la Eurozona.

Sin embargo, decepcionar a los mercados después de haber subido tanto las apuestas, no solo supondría una caída más profunda de las expectativas de inflación a largo plazo, sino que sembraría un costo precedente en la transparencia y credibilidad del BCE.

Aunque es una medida difícil de cuantificar, compras mensuales de bonos por €20-€30 mil millones durante un año podrían estar en línea con las actuales expectativas de los mercados. Varias fuentes sugieren que se requerirían al menos €600 mil millones en operaciones de mercado abierto para incidir en el repunte de las expectativas de inflación.

Si el BCE postergara la introducción de este instrumento, el desplome de los bonos alemanes a largo plazo, que ya reportan rendimientos negativos, sería considerable.

Expectativas de inflación en la Eurozona en mínimos históricos, desafía a la meta de 2% del BCE.

Source: Bloomberg Finance L.P.

Si Mario Draghi es consecuente con su lema “whatever it takes” durante su último mandato frente al BCE, estaría preparando el terreno para un período más prolongado de debilidad del euro.

Aunque la misión medular del banco es influir en la evolución estable y predecible de los precios, la depreciación colateral de la moneda frente a otras divisas es parte de la ecuación.

El bajo nivel en que opera actualmente el euro comparado con estándares históricos, sugiere que el impacto bajista del paquete expansivo del BCE ya está mayormente descontado. Sin embargo, el amplio margen de sorpresa que alberga el BCE en su próximo anuncio, fundamentalmente en lo relacionado al diseño del sistema de compensación a los bancos y a la agenda del programa de compras, podría cambiar el escenario para la moneda única.

Sin ser un objetivo explícito del banco central, un euro abaratado podría ser bien recibido en tanto contribuye a importar inflación externa hacia la frágil economía doméstica. Sin embargo, esto añade riesgos relevantes al escenario de la Eurozona, al motivar la aplicación de sanciones arancelarias por parte de la administración de Donald Trump, quien ha acusado al bloque de competir en el mercado internacional con ventajas injustas.

 

Author: Olivia Alvarez Mendez, Analista de mercado.